Provisorio para siempre III




Ya da la noche a la cancel su piel de ojeras, / ya moja el aire su pincel, y hace con él la primavera...


Una cosa trae a la otra y es así como la palabra provisorio remitió en entradas anteriores a la frase “provisorio para siempre” acompañada del recuerdo de aquel arreglo de la cancel de mi casa de Barracas, allá por los ’70, y ya se deslizan los pensamientos hacia los versos de Afiches, ese tangazo de Homero Expósito y Atilio Stampone, hacia esa imagen de poesía nocturna que ilumina primaveral el epígrafe.

Imagen primaveral, clima de fresca y juvenil candidez, amor de zaguán, ubicado en el justo medio de la desilusión, contrapunto de la ironía cruel que trasuntan los versos que rodean a esta estrofa, en los que al poeta se le dio por pensar rencorosamente en ella, que es una manera desesperada de pensar más en mí -contrariando las lecciones aprendidas por Discepolín en el Cafetín porteño-.

La piensa impíamente al verla… Cruel en el cartel, (…) en el fetiche de un afiche de papel… donde… se vende la ilusión, se rifa el corazón, En el instante en que se le aparece… vendiendo el último jirón de juventud, cargándome otra vez la cruz. Instante en que al vate le ¡dan ganas de balearse en un rincón! frente a la altivez orgullosa de una juventud que se ofrece mercantil, Cruel en el cartel…, convertida en un fetiche de papel, como objeto de devoción divina dotada de un halo misterioso.
De ese halo de misterio otorgante de dones naturales a los objetos transables –refiero a las mercancías, no las mujeres, ¿o si?-, cruel borrador del trabajo colectivo, de las relaciones sociales que mediaron para producirlas, ilusionista dador del carácter fetichista de éstas al que alude Marx en el trajinado apartado 4.
Mágicamente los objetos cobran vida propia, se intercambian entre sí nos dice el troesma en el CapitAl, dejando cargada la cruz sobre el laburante que perdió el control sobre ellos como nuestro poeta que le dio un hogar...,
¡Siempre fui pobre, pero yo te di un hogar! Se me gastaron las sonrisas de luchar, luchando para ti,sangrando para ti...
¿Pero qué?
Se pregunta al despabilarse: si están tus cosas pero tú no estás,porque eres algo para todos,como un desnudo de vidriera...¡Luché a tu lado, para ti,por Dios, y te perdí!
Cuerpo inerte, moldeado para ser exhibido, reflejo de juventud imperecedera, como la del desnudo e inhumano maniquí de la vidriera, como la imagen fotoshopeada de Demi Moore en la tapa de la Revista W.
Imagen de lozanía retrospectiva que perdura retocada con exagerado esmero. Producida por febriles fotomontajistas, entusiasmados en recortar su talle. Despojada de sí. De su propia encarnadura.
Entallada figura fabricada por una moda (demasiado duradera para ser solo pasajera) que convierte en deseable descarnados cuerpos. Dóciles figuras moldeadas antaño por los ceñidos corcets, aquellos asfixiantes redistribuidores cárneos, hoy sustituidos por anoréxicas inaniciones.
Cruel en la tapa de W apareces tú, DemiMoore, vendiendo el último jirón de juventud, ¿te ríes, corazón? pero frente al espejo al despertar está la verdad,que es restregarse con arena el paladar y ahogarse sin poder gritar.
Hernán Cazzaniga

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Lía Dixit :

Me recordó a un poema de Ernesto Cardenal sobre Marylin Monroe...

Just a deja vú ???


http://www.elortiba.org/marilyn.html

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