Momo se bate en retirada


Momo se esta yendo y deja a los irónicos vates en retirada.
El antiguo Dios de los poetas, el espíritu de la sarcástica mirada, el rey que impera en el carnaval va apagando los farolitos y sus bombitas amarillas.
Se despide hasta la próxima mascarada. Abandona la provisoria escena. Se saca el antifaz. Se lleva las máscaras carnavalescas, las que tornaron extraordinarias algunas vidas por un momento.
Entrega las calles a las caretas ordinarias: Prosopopeyas rutinarias, encarnadas para vivir una jornada cualquiera.
Con él se van las murgas dejando el eco de sus bombos y la aspiración de vivir en su sarcástico reinado. Con la ilusión de formar su ejército endiablado, de ser húsares de sus batallas culturales: Mítica pelea contra el orden impuesto en lo cotidiano. Ensayo metafórico, lúdica belicidad. Subversiva pretensión murguera la de dar vuelta el orden jugando a la taba carnavalesca.
Terca ilusión la de querer cambiar la suerte.
Sabido es que para el pobrerío el hueso prefiere caer de culo: La de los ilusos Pedrolinos es extraña a la estadística de la suerte o verdad, desconoce para ellos el astrágalo las leyes de las probabilidades matemáticas.
Sin embargo sueñan ¿por qué no? estos Pierrots lograr una conquista, arrancar un jirón a la bandera de la resistente contrariedad. Si hasta vale como un triunfo llevarse la sonrisa de una Colombina aún sabiendo que es una mueca dibujada.
Quedarán plantados los muñecos murgueros en sus recuerdos, enamorados de aquella chica que se perdió entre la gente.
Se van anunciando que lo intentarán en la próxima, cuando la suerte vuelva a vestirse de alegría y los tiente otra vez.
De eso se trata el juego de la taba, ¿no? De la ilusión de que todas las chances sean una. De la esperanza de que el hueso decida caer suerte. Y también… del (des)consuelo provisorio de verle a la muy ingrata la espalda, al final, en su retirada.


al final del carnaval 2010
Hernán Cazzaniga


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