Habemus contrapunctum


Desde vaya a saber dónde (en el sentido polisémico de esta imprecisa localización), ayer a la noche el antropólogo Gastón Gordillo en su muro del faceboock lanzó la promesa de publicar un ensayito (seguramente muy lúcido como los que acostumbra ofrecernos en su blog: www.spaceandpolitics.blogspot.com ) acerca de lo que denominó “el contrapunto” entre dos acontecimientos ocurridos durante los idus de marzo que concitaron la atención pública internacional:  la muerte del Comandante Chavez, el fervor popular que se manifestó en las calles de Caracas, las emociones que movilizó en muchos de los que no somos  venezolanos y las polémicas con sus oponentes, detractores o contreras y, del otro lado, la consagración de Francisco en el trono de Pedro (los llamo por su nombre de pila para que suene acorde con el espíritu de mundanidad  que observamos se intenta transmitir de la figura de un Papa que paga sus cuentas de Hotel personalmente y cuenta con su tarjeta SUBE para viajar en subte –con la plata de los jubilados, como corresponde a todo pobre argento -agrega un amigo muy gorila que forma parte de los que dicen en sus cuentas de Faceboock pertenecer al 50% de los que trabajan para mantener al otro 50%)
La inspiración del amigo Gastón provino, según confesó, de la lectura de un flojito artículo publicado en este blog:  http://emancipadosdementes.blogspot.com.ar/2013/03/como-distraer-al-mundo-entero.html que básicamente (muy básicamente) plantea cómo un fanatismo (religioso) tapó a los actos de devoción popular y fanatismo que provocó el difunto. Y da a entender que de distracción en distracción va la cosa mientras en otro lugar se cuecen las habas (según interpretación que hago de lo no dicho en el texto)
 Gastón Gordillo que se toma a pecho el mandato malinowskiano de internarse en el mundo de los nativos para capturar de un modo no etnocéntrico el  sistema de valores alterados acostumbra leer los foros de Clarín y La Nación.
Y frente a este episodio histórico observa, a modo de provisoria conclusión que:
“Mi conclusión es que el fervor papista que parece haber surgido en la Argentina confirma que Bergoglio es un político habilísimo y de temer, experto en manipular a las masas e incluso a gente que siempre se declaró hostil al carácter reaccionario de la Iglesia Católica argentina, y que ahora de pronto lo ve "con buenos ojos" porque "habla de la pobreza". Es muy notable la docilidad que el Papa ha creado entre gente que suele ser crítica. Después dicen llenos de cuerpo que Chávez es un "caudillo populista" que "engaña" a masas de zombies ignorantes! Bergoglio es el encandilador supremo, pregonando pobreza y humildad desde el trono de la lnstitución más jerárquica del planeta, una de las más corruptas, y la más hostil a formas universales de igualdad. Observen bien los gestos y declaraciones de Francisco I y vean cómo actúa de manera brillante y cómo inculca obediencia a la Iglesia con el más viejo de los trucos vaticanos: la performance de humildad, mientras por detrás y con sutileza pregona, como dijo en su lucha contra el matrimonio igualitario, "La guerra de Dios". (Gastón Gordillo: Faceboock.com, 2013)
Es bien interesante el contrapunto que ofrece entre los mismos acontecimientos este otro blog: http://elcanilla.blogspot.com.ar/2013/03/chavez-bergoglio-y-los-idus.html  donde propone una línea de interpretación apoyada en la noción de acontecimiento propuesta por el filósofo comunista Badiou.
Parado en esta idea de que el acontecimiento no es tan solo un evento importante o significativo, sino aquel que se establece como una ruptura en el campo de saber que da lugar a nuevas formas de saber, de construir la verdad, de modificar la perspectiva, de recrear las representaciones sobre lo existente intuí que no se trata de una mera maniobra distractiva el espectáculo que en vivo fascina a la teleaudiencia en esta pretemporada pascual, particularmente en Argentina dónde se dio una intensa polémica entre izquierdistas anticlericales (según el vocero papal, dixit), comulgantes convencidos y oportunistas que recientemente descubrieron su vocación religiosa.
Considerar una manera de distracción (¿un espectáculo montado por Fuerza Bruta diría la inefable Lilita?) los actos provocados por la muerte de Chavez o la renuncia de Benedicto y la asunción de Francisco me sabe a una forma reduccionista de interpretación de estos aconteceres.
Ambos son resultados de procesos de descomposición, en lo que refiere al cuerpo de Chavez de su descomposición biológica, en el caso vaticano (así de policial como suena) a la descomposición moral y política que sobrevino tras sus eternas luchas intestinas de las que resultó una composición entre conservadora y ultraconservadora  que canceló vías transformadoras surgidas del Concilio Vaticano II y expuso a la Santa Iglesia a una serie de escándalos seculares como el encubrimiento de pederastras, maniobras bancarias ilegales, complicidad con dictaduras y entre otras actitudes discriminatorias hacia minorías tal como se expresa en la lucha por el reconocimiento de derechos de nuevos sujetos sociales.
Se trata de una Iglesia que se resiste a aceptar el debilitamiento de su absolutismo a la vez que pretende presentarse como más ecuménica.
Por eso inmediatamente después de leer lo publicado por Gastón comenté en su entrada de FB
“No sé si la palabra es distraer... más bien el arte del puestita es el de orientar la mirada del espectador, de disponer los medios para que el público interprete el sentido de la escena montada. Más que distracción convoca la atención sobre un núcleo significativo o parcela de significaciones. Durante 2000 años la Iglesia hizo del arte litúrgico un espectáculo de comunión centrado en la figura pastoral que, en asociación con la espada convengamos, ha sido notablemente eficaz en lo que a construcción de relaciones de poder refiere.
Toda acción política y sin dudas toda entronización y todo sepelio de un líder lo son, es una acción con sentido, está orientada a legitimar el dominio.
En los estados absolutos, pero también en los estados regidos por sistemas representativos con participación ciudadana de sus representantes, el trono baña de carisma a quien se sienta en él. Produce fascinación, cierta adhesión mayoritaria que requiere de una actuación acorde a la admiración que despierta la irrupción del consagrado, si quiere sostenerse esa suerte de simpatía y fortalecerse en el tiempo. Hay por tanto en todo acto político cierta teatralidad que requiere de la performance del actor y de los artilugios que conforman la escena pero también del público. Y sabemos que el personaje se construye en buena medida con elementos idiosicráticos pero fundamentalmente con un buen guión, un texto a representar.
Hay grandes actores que se vieron favorecidos por su capacidad comunicativa, de comulgar con su público, sin dudas Chavez, Perón y algunos otros usufructuaron sus dotes en la construcción de sus liderazgos. Liderazgos atados a una proyección que les da sentido, a ciertos valores con los cuales sus adherentes se identifican.
Evidentemente la Iglesía Católica del Siglo XXI tiene por delante una serie de desafíos si  su voluntad, como todo lo indica, es revertir el debilitamiento de su influencia moral y sostener las bases materiales de su poder político, es decir de su capacidad de influir y decidir sobre los actos de los otros, desde los más íntimos a los más públicos.
Francisco ha dado unos pasos hacia esa construcción simbólica de una suerte de Pepe Mujica con muceta bianca, de ser terrenal, de una sacralidad anclada y por cierto los desafíos que tiene por delante son bien terrenales, entre ellos la corrupción bancaria y de menores, su desencuentro con las nuevas identidades o modos sociales de ser y en el caso de América Latina una pléyade de dirigentes que plantean la primacía de lo político por sobre las corporaciones, incluida la propia iglesia y que le disputan el predominio de la representación de los pobres." (Hernán Cazzaniga en comentarios:Gastón Gordillo: Faceboock.com, 2013)
Como bien infirió Gastón de este comentario de hegemonía se trata la cosa.
 América Latina va a ser un escenario privilegiado de la disputa hegemónica clerical, toda vez que los chinos fiel a su estilo lo mandaron al carajo, (son más y disponen de más recursos) y la vieja Europa tiene que ver como sale de la descomposición de su estado de bienestar que desde ya se anticipa con una sociedad emprobrecida a la que habrá que enviarle un mensaje de austeridad y no solo de amor y paz.

Lo cierto es que el acontecimiento irrumpió, se está desarrollando y lo podemos seguir al instante en vivo y en directo por TN y genera cierta perplejidad en el sentido de irresolución, asombro, duda, confusión y sorpresa.

En este tren hay quienes recuerdan el pasado peronista (guardia de hierro) de su santidad y se esperanzan en contar con un papa peronista, la oposición inefable delira con la llegada del mesías que la redima y desde ciertos sectores que históricamente denunciaron las complicidades o asociación de la jerarquía eclesial argenta con la dictadura y su desprecio al reconocimiento de nuevos derechos se advierte el carácter conservador (aunque más moderado que los ultraconservadores que se ofrecen como alternativa) que asumió la Iglesia en las últimas décadas cuando decidió perseguir, echar y sacrificar a quienes habían interpretado en otro sentido al concilio vaticano II.

El acontecimiento irrumpió con tutti y modifica no sólo la escena sino también a sus interpretes. Dante Panzeri definía al fútbol como la dinámica de lo impensado, la política pareciera ser la continuidad del fútbol por otros medios.
Acompaño estas apresuradas interpretaciones con una película uruguaya en estilo bien sudak que nos habla de esperanzas, ilusiones y desesperos y, sobre todo, de amor humano de los pobres de estos pagos.






Hernán Cazzaniga

La noche que la remera de los redondos me salvo…de que…Todavía no lo pude averiguar.
La verdad, no pretendo con este relato profundizaciones teóricas acerca de la envidia hacia el “falo” propuesta por el señor Freud, ni otras insondables exploraciones sobre mi psiquis, mí pasado, presente y futuro, ni simposios internacionales sobre el ser mujer hoy, ni análisis semióticos sobre la cartografía femenina, ni la observación lingüística sobre las palabras seleccionadas en este paradigma sintagmático. Solo deseo contar, narrar, relatar, mencionar, chusmear, referir  por vicio. Si señores y señoras (sino me corre el gremio) puro vicio, a lo Arlt sin tanto adorno. Tengo algo para decir y lo digo. Después igual habrá letrados, (pesados) que le buscarán la quinta pata a lo dicho/no dicho y demás cuestiones narrativas y a fines…y otras no tanto.
Bueno aquí la (s) historia (s):
Desde los 16 años aproximadamente adquirí el hábito de recorrer las calles y eventos que la nocturnidad habilite. Mi gran mentor fue mi tío, casi hermano diría yo, con quien nos separa la brecha de 2190 días aprox. (seis años para los aburridos). Dicho tío me inició en los recorridos noctámbulos, así también me enseño a beber, y técnicas para no ir baño. Como lo oyen y no sean envidiosos/as “técnicas para no ir al baño”. Pues, ustedes imaginarán una piba de 16 con diez vagos amigos de mi tío, quienes a la hora de ir al baño no tenían problemas en ayudar al crecimiento de las flores marchitas de las plazoletas, a los arbustos de las casas de familia. Asimismo, colaboraban oportunamente con la limpieza semi-parcial de alguna escalera o galería, o humedecían sabiamente algún neumático resquebrajado por el asfalto mortal.
Como se figurarán, yo mujer, no gozaba de las mismas condiciones naturales, y por ende, mi tío me enseño técnicas de resistencia, porque ni loco me llevaba a pasear si cada rato molestaba con eso de ir al baño. O si, uno de sus amigos, que también a esas alturas eran mis amigos, iba a hacer la famosa y popular “campana” conmigo…Si, claro. Están haciendo “campana”.Les recontra-creo. Eso era certificado de defunción inmediata, para el sujeto solidario y para quien suscribe. Incluso en pensamiento. Por ende, yo ávida de aventuras nocturnas, aprendí a aguantarme nomás.
Y así pasaron los años, y me gane la admiración de amigas por el “aguante”, y me comía las filas y filas en los baños, no por mi sino por mis compatriotas femeninas. Ya que no querían ir solas, e incluso hice de campana  a compinchas que ante el apuro utilizaban los baños varoniles, los cuales estaban vacíos siempre.
En fin, casi diez años después de mis inicios de vagancia. Casi me da un paro cardíaco, cuando en el momento en que estaba haciendo el aguante a una amiga en una larga fila mujeril, vi la misma cantidad de sujetos masculinos haciendo fila para ir al baño, de hombres. Si, como lo escribo gente: HOMBRES QUE IBAN A ORINAR AL BAÑO. Y no solo a mirar mujeres, sino a realizar sus necesidades al baño. Tantos pibes no podían estar mal del estómago de repente ¿no? (Eso también lo pensé)
Dios, mis años de vida pasaron ante mis ojos como una película (eso que te pasa cuando vas a morir o te da un “patatum mental”, viste) y no me aguante, me había tomado un jugo natural de apio y manzanas verdes (que tiene que ver nose) y le dije al último representante de los cromosomas XY de la fila:
-Ah, bue…estamos viviendo un momento histórico, único en la vida. He aquí los muchachos haciendo fila para ir al baño. -Y con cara de pesada pecosa, esa la única que tengo añadí: -No te lo puedo creer.
Mi amiga me miro con ojos grandes y seguro pensó: - sonamos le agarro el ataque de ironía, el mismo que en la comisaría la otra vez. (Otra historia esta)
El chico/sujeto/muchacho, (estaba bueno ahora que lo pienso, ehhh digo, digo) me miró como quien mira a un bicho raro, sonrió y dijo:
-         Y bueno…queremos ir al baño.
-         Ajá.-le dije- y ¿por qué no se van afuera? Una vendida de humo que los vagos hagan fila para ir al baño, qué país generoso…- Si ya se nada tenía que ver la última frase, pero como esta de moda…
-         Y bueno, vos también estás haciendo fila, nena. Nose cual es tu problema.
-         Y yo no aguante. Muchos años de “técnicas”, para que el pibe me tome el pelo y le vocifere: -La cuestión, el problema, el dilema es que vos tenés “pichirulito”, si yo tuviera uno, en la perra vida pisaba un baño público.¿Con qué necesidad vienen al baño ustedes? ( a veces soy tan pesada) .
-         Y bueno…Si  “sos nena”, bancatela .O cómprate un aparatito electrónico y vas a poder hacer como los nenes.-Y me pone cara de superado.
-         ¿Aparatito? – cara de sacada total- Yo no necesito ningún aparatito. Me parece que vos deberías reflexionar tu acto de ir al baño.- Cuidado no te vayas a sentar en el inodoro, viste.- y en tono apocalíptico agregué: - Ya en la otra vida me voy a vengar…
Risas de los espectadores. Porque a esa altura éramos dos payasos.
 Mientras, le llego el “turno” al sujeto. Iba a entrar, pego media vuelta, le cedió al próximo su turno, sonrió y me dijo: -Sabes Flaca, me caíste bien. Nada personal. (Qué paradoja) Por tu remera. Te salvaste por ser ricotera. (De que, todavía no me quedo muy en claro). Y se fue quien sabe adonde. Tal vez si algún arbolito hablará sabríamos el final. Digo, no.
                                                                                                                                 C.N

Bye Román


Y hubo un momento en que el gran ilusionista, el mago de las maravillas se cansó. Dijo: no va más. Y el espectáculo, la poesía que de sus pies se derramaba en los campos de juego desapareció. Cansado de los discursos que tratan de ponerle precio a la ilusión, de la economía política de los que desconfían de amagues, piruetas y combas y de aquellos que repetimos sin saber las largas letanías de que tal o cual son conflictivos (como si no supiéramos que acusar de conflictivo a alguien es para señalar al que no acepta los órdenes del poder).
Teatral, dramático, demiurgo al fin, dejo que todos sus pares pasaran. Algunos lo miraron como se mira a quien se va, otros - cabeza baja – siguieron en fila india. Antes del utilero, el presidente (contador el) cruzo su mirada con un gesto de impotencia. Y ahí fue, después de toda esa procesión, que el mago habló. Y sus palabras enmudecieron a millones. No fue tanto lo que decía sino cómo lo decía. Era una despedida. Frases de ocasión que apenas cubrían el dolor y la desolación.
Ya no lo veremos en plenitud, feliz, jugando a jugar como cada vez que entraba a la cancha. Sabemos que hay momentos de luz, y momentos de sombras. Y que hay tipos que en un sólo pase, en apenas dos o tres movimientos, encienden las luces que hacen de este mundo un lugar menos árido y oscuro. Son poetas, artistas, frikis, ilusionistas, gente sin molde, que un día, deciden irse fora do mundo. Renunciantes que ponen en evidencia las patéticas formas del poder, las arbitrarias estructuras de la comodidad y los delgados y frágiles hilos que sostienen el orden establecido. A la manera de William Blake, de Fiedrich Nietzche, del propio Rimbaud, y – ¿porque no? -  de D10s; como Edward Scissorhands, el artista dijo adiós.
(Quise decir) Román, no te olvidaré!

Café Azar
Posadas, primeros días de julio de 2012. -

Badía, la radio y los tiempos que cambian


De Juan Alberto Badía recuerdo su voz en la radio aquellas  noches de adolescencia vital y confundida. Tiempos de dictadura, de sentir el peso de que algo no podía siquiera ser mencionado, y que la muerte y el dolor rondaban en las calles que caminábamos o recorríamos en bicicleta. “Bailando sobre la sangre de los demás”, escribió algunos años después  Andrés Calamaro. Tiempos de colegio secundario, de extrañamiento. Algo cambiaba en mi forma de ver, de verme y ver a los demás. De entender que había caminos –aunque todavía impensados – que nos separarían, desconociéndonos. Melodías y armonías, cada vez más extrañas entre sí, configuraban otros mundos desde donde nos despedíamos de lo que fuimos, de lo que nos unía y de lo que imaginábamos ser.
No puedo pensar mi adolescencia, mis años de secundaria, sin el uniforme del colegio, la serie Kung Fu, las rateadas a la costanera del Rio de la Plata, los asaltos en que nos colábamos para ir a bailar, el temblor y el deseo de sentir el cuerpo y la respiración de la chica que me gustaba en ese temeroso acercamiento que significaban los lentos, los vinilos, que escuchábamos religiosamente (aparecen en una suerte de feed back las tapas de los discos de Yes, Genésis, Supertramp y Pastoral - En el hospicio -), y la voz de Juan Alberto Badía – a la noche - en la radio, que escuchaba en volumen bajo para no despertar a mis hermanas que dormían en la pieza contigua.
Había allí, en esas voces, en la voz de Juan Alberto,  una puerta hacia otro lugar, distinto, otra música que me llevaba a sentir algo parecido a lo que ahora podría definir, sin mucho entusiasmo, como libertad (demasiada palabra, me parece). Pero así era, o al menos así siento que se sentía.  Escuchar Almendra, The Beatles, The Animals, Aquelarre, La máquina de hacer pájaros fue para mí como descubrir el pasaporte a cierto estado de felicidad y de placer. Y el tipo que conducía ese programa con el nombre de una marca de zapatillas (Imagináte Flecha Juventud, se llamaba) era Juan Alberto Badía. Lo acompañaba Graciela Mancuso. Sus voces eran las que abrían esas puertas de la percepción.  De ahí que el nombre, la voz, y la música que proponía Badía (en radio, después en televisión) quedaron íntimamente ligados a una parte de mí que indefectiblemente comenzaba a disolverse. Como en la película del director mexicano cuyo nombre no me acuerdo y en donde cada personaje interpreta el paisaje según su estado de ánimo, la evocación de esa radio prendida a la noche – las inflexiones, el decir de Juan Alberto Badía - forma parte del paisaje de esa adolescencia en donde el descubrimiento, el absurdo y el ridículo son sólo reflejos apenas capturados por estas palabras.

La casa de los pescados


La casa de los pescados

Reparé por primera vez en esas construcciones cuando las ví desde  un avión que salió de aeroparque haciendo su arco habitual sobre el río, girando al norte. Saliendo del agua como si fueran las torres de una fortaleza sumergida, tres casetas circulares, macizas y de ubicación, en apariencia, aleatoria, unas más cerca y otras más lejos de la costa. Ninguna línea recta  unía  a las tres.

Surgiendo del río marrón, las torretas sugieren un origen antiguo y se me ocurrieron torres del oro del Guadalquivir.

El taxista tenía ese aspecto de mueble del vehículo, que algunos conductores porteños exhiben, no diré con con orgullo, pero sí con la solidez que los mundos densos en sí mismos tienen.

No hablamos hasta que acercándonos a Aeroparque, de sur a norte,  vi el primero de los torreones desde la ventanilla. Le pregunté al taxista. Él se despabiló a un mundo colorido e infantil de recuerdos y me dijo lo siguiente:

Ah! ahí íbamos a nadar cuando éramos chicos. O sea ahí mismo no, sino que íbamos nadando. No hasta este, sino el está más cerca de la costa, que se ve allá al fondo. Ahí enfrente hay unos escalones y de ahí nos tirábamos. A veces llegábamos hasta este que está más lejos. Bah! yo no llegaba, pero mis hermanos que eran más grandes sí. Mi Papá decía que esas eran las casas de los pescados. Que cuando llega la noche, los pescados se van a dormir ahí. Después dejamos de ir. Nunca más fuimos. Le llamábamos los escalones nosotros, ahí adonde íbamos a tirarnos. Después no fuimos más.

Se hizo un silencio. El taxista comenzó un giro en u que nos llevaría a la dársena de pasajeros del aeropuerto. Antes mismo de estacionar y como queriendo aprovechar el último segundo del viaje, se replicó: Para mí quedo eso, que es la casa de los pescados. Para mi  es la casa de los pescados.

Me ayudó a bajar la valija. Nos despedimos.

Desmemoria, despedida

A Carmen, mi vieja 
que me legó el don del decir.


Cómo un equilibrista improvisado - y muchas veces obstinadamente torpe - trata de hacer pie en estructuras flotantes de sentido. Se afirma en palabras, en frases, de resbalosa sonoridad que vuelven una y otra vez como ecos distorsionados. "A ver...", "¡Bueno!", "¡Qué lástima!" y el sostenido y reiterado "¡vamos!". Por ahí sonríe, pícara, cuando sabe que la palabra dicha no es lo que pensaba decir. Perdida en laberintos con retazos de memoria, highlights que intenta apresar con la desesperación de quien sabe que su ser se disgrega en palabras cada vez más raras ("acá estoy, extraña" me dijo cuando llegué a verla). 
Ella con su sonrisa y su conversación alimentó lo que serían mis primeros cuentos, las redacciones escolares, las largas cartas (todavía en papel y letra algo legible) que desde Posadas escribía a lejanos amores, seductoras amigas y a ella - y a mi viejo - contándoles confusos sentimientos generados por el exilio subtropical. Parte de esto que escribo, que escribí y de lo que posiblemente escriba está ineludiblemente ligado a su palabra. 
Quiero recordarla ahora en ese lugar que a veces me abrumaba, otras extrañaba y muchas veces sentía como una suerte de puentes levadizos que no nos permitían acercarnos un poco más, al lugar del abrazo y la caricia. Palabras que abrían caminos pero que que también los cerraban. Aún hoy, me pierdo en los espejos cruzados de las palabras, en esta guarida mística donde quedo a salvo de los vértigos del amor. Sin embargo algo mueve a la caricia, a la mano agarrada, al contacto sin palabras, al beso en la frente. Sin nada que decir, ni siquiera el adiós de una despedida.
En estos días, después de pelear con los sentidos y el decir, ella duerme. Por ahí se despierta, abre los ojos, murmura algo. Después vuelve a dormir. Y así, hasta que deje de hacerlo.

Cafe Azar
Baires, fin de marzo de 2012

El semáforo le dió luz verde y el hombre dobló a la derecha. Se encontró conmigo que cruzaba la calle. Me tocó bocina, me detuve impidiéndole el paso y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que en la esquina había una valla y que yo no debía cruzar la calle por ahí. Yo le dije que igualmente tenía derecho a cruzar. Es la esquina de mi casa y si no cruzara por ahí tendría que cruzar tres veces la calle para llegar a la misma esquina. El hombre me dijo que me estaba arriesgando a que me atropelle. Le dije que me atropelle entonces y agregué, no te das cuenta que soy un peatón.

En Alemania el peatón es considerado el eslabón más débil de la cadena de transito. Como la cadena alimenticia pero al revés. Uno es el cornalito en el fárrago oceánico del tránsito urbano y, sin embargo, el, relativamente, más intocable. La "cadena del tránsito" sigue en cantidad de derechos con la bici, la moto, el auto, el camión. Estatus especial tiene el transporte público, pero no antes que el peatón.

¿Para que todos vivan mejor el peatón tiene que cagarse? En estos días el barullo citadino y sus típicas situaciones estresantes me dan profundamente por las pelotas.

En Uruguay, en forma más evidente que en otras partes quizás, se observa como la ciudad ha ido creciendo y ha pasado de la necesidad de gobernarse a gobernar todo lo que le rodea, incluso el país. La ciudad, la más artificial de las creaciones humanas, la que más complejidad infraestructural necesita y por lo tanto más alejada está de una razón "terrestre" domina el resto. Dicta su visión en lontananzas y apenas puede con sí misma.

Los municipios han sido creados en Uruguay el año pasado. Hasta entonces las capitales departamentales regían directamente sobre el resto de los poblados de su territorio. Lo que eran de por sí administraciones municipales controlaban espacios relativamente amplios y repartían servicios a distancia, con la consiguiente insatisfacción de sus subditos y las corrientes migratorias consecuentes.

¿Y qué derecho tiene la ciudad com tal?. ¿Qué derecho tienen muchos ranchos con agua corriente y baño moderno a gobernar otros ranchos menos dotados?¿Que derecho tiene el que aprieta la cadena y ve sus heces desaparecer rápida e higiénicamente de la vista seguidas del restablecimiento cuasi mágico de la blancura húmeda del inodoro, a tener más oportunidades que quien soporta estoicamente el revoloteo de las letrinales moscas mientras el frío de la mañana curte sus desnudas nalgas a punto gallina o el calor le permite sentir como los miembros de los solípedos insectos se apoyan indefectibles sobre su piel expuesta?

La jungla de los sobreentendidos nos sumerge en aquellos -como el del sistema financiero- que no nos dan horizontes. ¿Cómo podríamos pensar sistemas humanos unidos en alguna forma de red donde las ciudades no fueran el centro y la medida de la forma de hacer las cosas públicas?

La ciudad, la más fragil de las formas humanas de vida. Llenas de basura en la periferia y brillando en el centro. Apestando a lobos y abundante en especímenes que no conocen otra cosa. Nido de gobernantes y corrupciones que afectan a muchos, muchos, muchos más de los que las aprovechan.

Desembarco -literalemente merced al Buquebus- en Buenos Aires y lo que me rodea no tiene respuesta a la pregunta de cuál es la dimensión humana en ese entorno. Como en el relato de Edgar Rice Borroughs, la gente teme salir a la calle a ciertas horas y en ciertos lugares. La corrupción institucional evita simplemente todo trámite que debiera mejorar la capacidad de los ciudadanos para vivir mejor o ser beneficiados por la cosa pública. Etc., etc.. La parafernalia de este tipo de visiones es conocido y carne de muchas conversaciones vanales y serias.

Pero... entonces... ¿Por qué la ciudad?¿Porque ahí se consiguen colchones de resorte? Ya lo dijo Gilberto Gil: as coisas nâo tem paz!

No soy el último hippie. Tengo una Nikon. Pero -una vez más- pregunto ¿Por qué la ciudad?

Variaciones infinitas

Noté recientemente (otra distracción más, quizá) que algo cambió en el diseño de este blog : perdió la tachadura inicial y agregó una flor de esas que arman ramilletes.
Se mantiene el comentario ése del embole que tan bien nos caracteriza y me agrada ese tono de pequeñas formas nuevas que nos reciben en la entrada. 
 Y como de detalles está hecho el mundo, van minúsculos ensayos con la palabra, algo de una serie sin ton ni son que me acompaña hace mucho (Relámpago negro).Otro minúsculo movimiento en el orden infinito de los emboles posibles. 




r24

Una reina aniquilaba siervos
con el rayo filoso de su dedo
en la pesadilla durmiente de mi infancia
ávida escucha respira entrecortada
sigilosa pregunta que espera
final reparador o se pone a llorar.
Siempre en sueños.
La vida es otra cosa, ¿no?





r25

Joven ciega
me cuenta que adivina
el relámpago en el exacto punto
donde cae esa estrella imaginaria que lo parió.
La piel delata el rumbo
del alma buena de la gente.
Se corona en sonrisas y eso basta.



r26

Guardarlo en una caja
soñaba el hombre
curioso de misterios
perforó sus manos
en cada intento
de atrapar el relámpago
lo copió en papel de arroz
imitó su voz hasta el hartazgo
lo recompuso en trazos electrónicos.
y de la nada asoma
revienta el aire
en trocitos metálicos hirientes
llega sin aviso
ante esos ojos ajados de domesticador.







Fragmentos de un relato adeudado..

Fragmento primero: de aquí, ¿a un mundo libre?.

Carreteo de primer tramo. Partir hacia el sur del mundo desde la ciudad de Posadas un sábado de noche con destino a Buenos Aires no es algo nuevo ni que interese en su relato, sólo que esta vez no era el destino final, entendiendo al término final como la conclusión de un trayecto mundano y material. Llegar a la gran metrópoli argentina un domingo de septiembre permite con ligereza abordar el subterráneo en Retiro; el movimiento de estos espacios en estas mañanas dan cuenta de lo que sobrevive a una noche de sábado.
Caminando con cierta premura me dirijo hacia la línea B. La roja. Combinación 9 de julio. Me sumerjo en lo hondo del metro, dando inicio a la travesía metropolitana. En uno de los pasajes bajo tierra, una pareja y un niño se encuentran perdidos, buscan la estación que los conecte con el Abasto, el carga una guitarra que oculta bajo una funda negra con inscripciones que no se llegan a comprender, ella mira con ojos desorientados, necesitan ser guiados hacia su destino próximo: la estación Carlos Gardel. Me ofrezco y caminamos juntos, son de Córdoba, de Mina Clavero. Bajo en la siguiente: Pasteur. Mi amiga habita en el corazón del barrio del once, me espera con un almuerzo acompañado del estudio de su hija que desea poder ingresar al Nacional Buenos Aires; ya 13 años, pienso, mientras engullo un pollo al curry sabroso y nada soso. Ella contiene los nervios que provocan este tránsito hacia un lugar aun sin conocer, es el tiempo para verificar mis olvidos típicos: peine, shampoo, dentífrico, candados de viajes.

Al rato el remisse toca a la puerta; ¿tan pronto?. Es hora.

Voy al sur para volar al norte. Llego a Ezeiza con la antelación necesaria para que el caos vivido allí no me absorba.Pareciera ser un tiempo pasado, un aeropuerto lleno de personas solas o en grupo que se disponen a viajar. Muchos, tantos. ¿ El dólar no está alto? ¿Este es el sector social que siempre viaja? ¿Hay planes de pago para esos contingentes? Despacho mi equipaje, realizo el pre-embarque, embarco con diez minutos de atraso, despega, vuela; pienso: hice bien en viajar por Iberia, me tranquiliza, mi manejo del idioma inglés es deplorable, tarzanesco…

El vuelo, según el billete de la empresa aérea dura once horas, cincuenta y cinco minutos; imposible controlar. No tengo reloj, mi celular ya no tiene señal, permanece apagado. El avión despega y mientras el vuelo inicia, mi cuerpo y mente se hunden en un sueño que ha de prolongarse durante todo el viaje. El cansancio acumulado en los días anteriores ayudan a depositarme en mi silla de clase turista sin dar cuenta de sus noventa grados de inclinación.
Pasadas las horas despierto, es raro no tener idea de la hora. El vuelo llega a Madrid a las 14,30hs, salió de Buenos Aires a las 21,35hs.; en algún momento previo al viaje alguien me sugirió consumir algún tipo de ayuda somnífera, no hizo falta, mi agotamiento me llevó lánguidamente a un soñar profundo.

Agotada y nerviosa, un estado un tanto frecuente, desembarco en Barajas, allí hay que cambiar de terminal, mi vuelo a Londres sale en dos horas. Hace 12 años que no viajo en vuelos internacionales, no conozco este aeropuerto, y ese desconocimiento me provoca cierta angustia. Durante el vuelo tuve la esperanza de poder consultar el itinerario próximo a mi compañero de asiento, pero entre su dormir y el mío no hubo encuentros posibles. Al bajar sigo al grupo, tantos años de diseño ayudaron a descifrar señales; entender la lógica normada observando a los demás te ayuda a proceder. En algún momento uno cree ser único, hasta dar cuenta de que decenas, centenas de sujetos se encuentran en procedimientos, inquietudes y tránsitos idénticos a los de una. Esos no-lugares nos masifican en una cierta alienación sin intención, prevalece la causa y su efecto al servicio de la función.

Embarco rumbo a Londres, un poco más al norte, es un vuelo tranquilo, la ausencia de pares se siente más intensamente; el idioma es una barrera, por momentos infranqueable. El instinto de supervivencia trae a la memoria los juegos de aquellas clases de inglés en el colegio, me aferro a las frases hechas de los movies de Holywood, de los lugares comunes, de las canciones repetidas y no aprendidas.
Llegamos a horario, claro, es Inglaterra ¿el té de las cinco, se servirá a las cinco?. En las oficinas de migraciones siento que vivo una proyección de Ken Loach; de un lado del mostrador, todos habitantes de mundos de conflictos, de desorden, de subordinación, esta es la mirada del imperial inglés hacia nosotros: sudacas, hindúes, musulmanes. Los mundos oriental y occidental americano se estremecen al querer ingresar a este viejo mundo. Gracias inmigración europea en Argentina, heredera soy de sus rasgos. Mi imagen entra en sus representaciones reconocibles, aceptables.

Ahora a buscar el Underground, la línea Picadilly Line, hacia Hyde Park Corner. La encuentro pronto. Camino hacia la ventanilla de venta de billetes. Pido uno. Son 4,50 pounds. Alcanzo los que mi amiga del once me regaló; el vendedor me los rebota, los códigos gráficos no coinciden, ya son otros. Los billetes de mi amiga ya no sirven, hasta en Inglaterra el papel moneda se vuelve obsoleto; los guardo y emprendo el viaje, once estaciones me separan de mi destino casi final.
Lo próximo es ubicarme a la salida del tube y encontrar mi residencia londinense, la dirección 49 Belgrave Square, la referencia es Converce, una calle con la característica de ser circular. Recuerdo lo visto en Google Hearts, la plaza de un lado, el arco del otro. Salgo del tube, ya es de noche, doy con la calle circular. -¡Los autos circulan al revés ! -¡ Uuuh mirá !!, un autobús rojo de dos pisos!. Vuelvo a lo mío: la casa. Continúo. Estoy cerca. Ahí, un poco más allá, está ella: la casa que me albergará. En su frente flamea una banderita argentina.
Toco timbre. No hay respuesta. Insisto…silencio. ¿Y si no abren?, ¿y si no hay nadie?, ¿si no me esperan? Cuantas dudas, cuanto miedo… ¡help, help! Vuelvo a tocar, vuelvo a insistir. Mis golpes se escuchan, la puerta se abre, es Antenor, uno de los mucamos de la residencia argentina, sabe mi nombre; me informa donde están mis compañeras de cuarto y expedición, una de ellas es la causante de mi estar en Londres. Respiro, sonrío, miro hacia la calle, alguna cámara ha de registrar mi emoción: ¡estoy en la ciudad de Orwell!.

http://www.youtube.com/watch?v=bNOa0enN8d4

Visión de futuro

Se despertó y soñó. Soñó que estaba en Posadas, en un barrio cerca del río. Soñó que trabajaba en la costanera. En la obra. Soñó que se lavaba la cara en una palangana de latón, medio abollada, que trajo de lo de su hermano una tarde que la cargó con ropa sucia para lavar en su casa.

Soñó con un overol y soñó que tenía una bicicleta. En su sueño se metía el dedo índice en la nariz y con el reborde de la uña se sacaba un moco, en parte durito y en parte mocoso y desproporcionadamente largo.

En su sueño era viernes y se cobraba la quincena. En su sueño casi sin darse cuenta, pero disfrutándolo, tuvo un estremecimiento al pensar en la fría cerveza de la tarde al final, con unas chicharras sonadoras montadas de incognito en la extensión de un chivato arquetípico.

El día fue igual a todos: agotador. El overol se pone duro cuando desde su interior se le depositan una tras otra, infinitas y renovadas capas de sudor. En tanto ardor, solo una serva, como ambar fresco, derramando su magia ininflamable por las paredes del crater calcinado...

Pero aun el premio iridiscente debía resignarse a la vulgaridad de la espera. Aun había que cobrar la quincena. No por estar llena de chanzas y risas, la cola de la quincena es menos larga y espectante.

(Los cascos amarillos a veces encopetan las simuladas y esporádicas luchas discretas entre amigos. Trepidantes expresiones guaranoides las acompañan)

Y finalmente, cuando ya el sol abandonó la compañía que adormecido le prestaba a su largo y enfilado acecho, se paró frente a la mesa y recibió su sobre.

En ese momento, que es un momento que lo aisla del mundo, asordinando las voces y los ruidos y concentra su maltratado ser, lo concentra en extremo sobre el contenido del sobre (un recibo y un dinero), cuando las yemas de sus dedos adivinaron el aleteo suave de los entrerotos bordes de la plata, se despertó, confundido, con calor y escalofrío.

Se despertó Marcelo Siri, un segundo antes de morir de un tiro en la nuca, en el asiento de su auto.


Es posible la historia en 3D? eh?


Una novela? No.

Podría escribir un relato, una novela, sobre Posadas? Con personajes a medias reales, a medias inventados, donde muchos pudieran reconocerse y creyeran en la existencia de los otros , solo por ser citados ellos, los reales?

De la historia, del azar, dependería que se convirtiera en un relato tan famoso o tan desconocido como el que más. Como la historia de los protocolos de los sabios de Sion, que me regalara el arábigo dueño de una conocida librería de Curitiba, en intención que la memoria no me deja recordar si era de corrupción intelectual o sexual. Guardé el libro mucho tiempo. Tiene una tapa anodina como de cuaderno barato y atesora mundos de intrigas para mi incomprensibles, ordenados en cuidados capítulos de apariencia coherente. En una traducción al portugés, había llegado hasta mis posadeñas manos, un ejemplar de los Protocolos. Tentado estoy de correr hasta el google más cercano, para descular cómo se llemaba la librería curitibana y su sospechoso propietario de fino y elegante anche intelectual y misterioso porte arábigo. Pero ni el internet me ayudaría. Estoy , por el momento recluido en un bunker alejado del bombardeo mediático, donde los tranquilos placeres de la literatura, la comida y la ingesta de exquisitos alcoholes (gracias Cumpa, por ese "single malt") me rodean de un ying tan impenetrable como la misma profundidad de las aguas de la pileta de natación, una noche de ardiente verano asunceno.

Ahora bien, y de vuelta al motivo original. Podría relatar mi aldea a consciencia, a medias inocente de su capacidad para reflejar el mundo. Pero no es ese anehlo vano el que movería mi pluma en su danza febril por la vasta pista del papel espectante. Sino el potencial del arte del efectivo reflejo. El reflejo fiel, aún impresionista de aquellos diálogos, de aquellas circunstancias, como si el pasado fuera efectivamente un lugar y el recuerdo el camino para arribarlo. En cambio las miasmas del recuerdo solo levantan telones, donde los paisajes descoloridos se proyectan esquivando los inevitables agujeros que la coja memoria les propina.

Si el proyecto es la letra, no lo es la obra. Y viceversa. Ahora bien ¿Cómo podría cualquier literatura pueblera reflejar por un segundo la emoción voraz de un niño, rodando veloz, envuelto en el ruido desgarrante de desnudos rulemanes sobre el mero asfalto, por la bajada de la Corrientes entre San Martín y Sarmiento, sabiendo que cuanto más veloz su karting, menor su capacidad para frenarlo cuando en la siesta meridiana un auto, tan desprevenido como artero, metiera su nariz con inocencia, asomando por Sarmiento su peligrosa facha? ¿Cómo completar literaria pintura, que diera imagen satisfactoriamente fidedigna del rojo y blanco 12, envuelto en una nube de tierra colorada, haciendo la curva antes de las vías, desde donde ya se divisaba la arqueada entrada del portal del Rowing?¿Cómo estampar en figura digna, el gesto soberbio de Canco Irrazabal, al arrojar un vaso a la vereda sentado en la última mesa de Hotty's, solo para convocar de urgencia a mozo reluctante de tanta lejanía, atosigado por el apuro de múltiples requerimientos otros?¿Cómo en la calesita de las caras extrañas, podrían desfilar las caras familiares en este tren fantasma de estampas posadeñas?

¿Un Cambas yo de la historia setenteista de una porción estrecha de las 4 avenidas?
¿Un Ambrosetti de la selva obscura y provinciana de las pasiones mezquinas de los bailes de carnaval del Club Social?
(Desgarrador ahora) ¿Dónde esta Pucho, cagando en la bañera de sus tías, borracho y quinceañero, confundido de blasones y de ideas, acarreado hasta la ducha por sus amigos más fieles?
¿Dónde el Pollo sobre el capó de algún auto, bajo la noche estrellada de un cumpleaños en los Aguacates?

Como un RAmos ante la muerte de un Benito, podría declamar mi gloriosa letanía, tan lejana como desconocidamente. Pero, como ya Nietsche lo asevera (lo dijo Socrates, lo afirmó Platón...), no hay gloria en el origen, sino casualidad, retazos. No hay escencia sino vanalidad, tan creadora como el caos.

Como una larga fila de mesas en la vereda de la Bolivar, el facebook nos enfrenta con turnos diferentes de posadeños que alguna vez fueron jóvenes. Tambien los de los cincuenta tuvieron su momento. Aún los de los cuarenta. Mi anciana Madre no puede reprimir una expresión cómplice al hablar de la pista Puloil del Parque Japonés. Todos ellos salían del colegio, muchos se encontraban en los bares y bailaban alegres o tímidos, acelerados o rabiosos sobre los largos listones de madera del piso del Progreso o del Social. Pero todos morimos con las leyendas puestas. Atesoradores de tesoros exclusivos, guardamos los momentos, únicos todos ellos, sin posibilidad ninguna de transmisión justiciera. Para nadie la gloria, el humor. Para nadie el recuerdo como para nosotros. Para nadie aquel momento del que fuimos testigos. Para nadie el olor entre el cuello y el pelo. Para nadie, más que para nosotros. ¿Es tan buen mozo Cacho Casanova, cuando mi Mamá se acuerda con una frase-suspiro: "¡Qué buen mozo que era Cacho Casanova!"?. "Todo es relativo" podría concluir uno, relajándose una vez más en el lugar común. "El pasado no existe" sería la exalación siguiente en ese abandono.

Y sin embargo.... (música de suspenso). Sí es posible el relato. Con sus raices profundas en la historia, que se entrecruzan en el humus creativo del recuerdo y surge, según el talento del cuentero, para ser obra en sí mismo. Para fascinar como una orquesta. El arte consiste en articular las notas. En hacerlas resonar en lo oidos correctos. Como si el auditorio fuera un arpa, tocar con placer y sabiduría las cuerdas correctas en la sucesión deseada. Como el instrumento, vibrará el auditorio. El cuento es el placer de las culturas. Es el arte efímero de los sensibles. Los que fotografían la humanidad más cercana y devuelven la exposición embellecida, dramatizada, ensombrecida o sórdida. Al lado del fuego, al costado de un disco o en la neblina de inspirador humito, el relato traduce la vivencia en acuarela de color empático. Así que amigos... no renucien al relato. Mientras tanto yo...

No quiero en mi tumba una escritura en guaraní. Quiero una cerveza fría al lado mío, sentado sobre la arenisca piedra San Ignacio de mi costanera del Parque Paraguayo. Abajo... el desfile de un Posadas nuevo. Al fondo... el símbolo del puente. Al frente... el Paraná de las guitarras, más antiguo y trascendente que todos nosotros y, al mismo tiempo igual de esfímero.

Variaciones infinitas

Yes!, nós temos banana
Bananas pra dar e vender
Banana, menina, teim vitamina
Banana engorda e faiz crecer
Yes!, nos temos banana
Bananas para queim quizer.
(João de Barro/ Alberto Ribeiro)

Érase una vez en Río…
una tregua florida que se vive en la calle y se mueve repicando samba. La gente se vuelca a protagonizar y espectar, dispuesta a estar junta para cantar y bailar unos días. Fiesta donde la carne vale, es carnaval. Estremecido, arrepiado, el arte acontece en la piel, modula en las voces una poesía a pecho abierto y los pies soportan nuestros huesos inquietos por desatarse en danzas.

Uno se vuelve multitudes que desfilan sin fin, una tras otra, esquivando el tránsito y las lluvias finas de marzo, hasta aguantar nomás. Comanda la risa en los blocos de rua que se reúnen para salir por el barrio con los vecinos detrás y con los que se cuelan a su paso:
                                                                          Cachorro Cansado, Carmelitas, Unidos do Faz Quem Quer, Concentra Mais Nao Sai, Escravos Da Mauá, Garganta Seca De Irejá, É Pequenho Mais Vai Crecer, O Negocio Ta Feio E O Teu Nome Ta No Medio, Espreme Que Sai, Piranhas de Sao Roque, Chocolate Com Pimenta, y así, entonando viejas marchinhas van por Flamengo, Santa Teresa, Lapa, Tijuca, Laranjeiras, y más.

Multitudes sin miedo ni recelo del otro porque sin el otro no hay carnaval; quien quiere marcha y los que no, miran, como la policía que vigila por compromiso esta transa de vivir y dejar vivir. “Buen carnaval, buen desfile” se escuchan repetidamente en bares repletos y en las casas donde la comida y la abundante cerveza sustentan los preparativos y los descansos intermedios.

El tiempo se acompasa con aires sincopados y la tristeza de amores perdidos, la queja por la poca plata o el asco por la mugre que abunda se entonan con música, con disfraces coloridos y un hormigueo provocado por las fuerzas dulzonas de cavaquiños, zurdos y pandeiros. La musiquita arranca e invita y va creciendo hasta ganar la ciudad, arremolinando gente en balanceo concordado y libre. Pagode o rap, funky o batuque suenan para repasar los temas que todos saben cantar y alrededor de los palcos de concierto nocturnos deambulan piratas, mariposas y abejitas, personajes de historietas, madamas y angelitos. Algunos se miran de reojo y con respeto por las camisetas distintivas de las escolas de samba que compiten en la Sapucaí, sin patoteo barato ni provocaciones pueriles fuera del escenario donde todo se juega por el título de campeón.

Esta gente se toma en serio el carnaval; saben de su efecto regenerados de ánimos a través del disfrute concertado; comprobaron que esto no viene de gracia como el viento fresco sino que requiere preparación, ideas y laboriosa artesanía. Claro que es un negocio turístico ahora, es parte de una industria cultural que atrae gringos a rolete, y ese acto de magia tiene sus trucos. Hacen acontecer la alegría compartida y es una fiesta provisoria que los enorgullece. Puede no dar certo en algo también, pero la pasión dispuesta es tal que todo lo cubre, todo lo salva y justifica el esfuerzo.
Lo efímero brilla intensamente antes de desaparecer, todo el lujo posible sale a relucir con lo que se puede precisamente porque el final anunciado ya vendrá.

CARNAVAL ES CARNAVAL



El domingo fui a Villa Blosset a ver su afamado carnaval.
Bajo las banderitas triangulares desfilaban sobre la calle pintada de blanco las comparsas provenientes de distintos barrios de Posadas. Muchos chicos de familias desplazadas por Yacyretá y de otras procedencias avanzaban al son de los tambores. Cuerpos semidesnudos con tocados egipcios y plumas de la zona.
Infantiles caderas cimbreantes y algunas más adolescentes pero de edad.
Típica comparsa con aire de arrabal brasilero, es decir Misionero.
De fondo el Parána, calor y humedad.
A la vista sobre la Costanera los restos del acto de celebración del llenado del embalse a su máxima cota y del recital de Fito, es decir las pancartas partidarias de la Renovación.
En la vereda y sobre algunas gradas el público acompañaba con sonrisas, palmas y aliento a las comparsas.
Los chicos, aerosol en mano, tiraban espuma nieve a las chicas que se paseaban.
Es carnaval y la tradición, vaya a saber desde cuando, obliga a mojarlas o, ahora, en virtud de estos aerosoles, espumarlas.
Mientras miraba como uno más del público la escena en su conjunto, fui testigo de un episodio menor, de un detalle de la fiesta, un enunciado suelto de ese fragmento discursivo que es la fiesta en sí al decir de algunos antropólogos interpretativistas.
El hecho al que refiero ocurrió frente a mí, por cierto no sé si otros de los que me rodeaban percibieron la reacción de la rubia que estaba al lado mío: Se dio vuelta intempestivamente e increpó un tanto airada a un gurisito que con mala puntería le refrescó la espalda a ella y no a la chica que pasó ligerito.
¿Y vieron como es esto del aleteo de una mariposa? Unas gotas de espuma en una espalda desprevenida, puede mover iras en cadena… Vaya a saber uno ahora los trágicos hechos que se sucedieron en el mundo luego de este episodio.
Quizás está mala onda energética producida a la vera del lago de Yacyretá quedó circunscripta a esta región. Hasta donde puedo atestiguar porque yo estaba ahí sucedió esto que les cuento:
Al lado del niño travieso, reprendido; una mujer joven, bajita y enérgica se dirigió, con actitud firme y de combate, a la rubia alterada diciendo:
“Pará!!!, pará!!!, pará!!!! Te desubicaste!!! Éste es mi hijo, ¿sabes? …. Carnaval es carnaval.”
Esta tautológica declaración de principios pareció ser más que convincente.
La rubia se alejó cabizbaja, sin emitir sonido, como avergonzada por no haber comprendido el sentido iluminado por aquel escueto y taxativo argumento. O quizás, cómo con la cola entre las patas. Acobarda , por la actitud de la fierita que la enfrentó en defensa del territorio de la alegría , con energía positiva.

Hernán Cazzaniga

Chín, chín!

El chiste, la frase con el remate descolocando el sentido, circulaba por ahí. Incluso me sirvió en su momento para cerrar un pequeño paso de comedia sobre las experiencias sexosociales de pibas de 20 años. Decía – este chiste -: lo malo del sexo es que en el mejor momento, se acaba!!! Breve paradoja que expresa, no una contradicción lógica, sino la complejidad de los deseos que atraviesan nuestras vidas. Terminar en el mejor momento puede tener algunas consecuencias. En la película El marido de la peluquera (Le mari de la coiffeuse, Patrice Leconte, 1990), su protagonista elije congelar la felicidad que vive, no dejar que se deteriore, en un sacrificio absoluto. Otra consecuencia es la constatación de que, lo que fue, ya no volverá a ser. El pasado como “un cristal cubierto de polvo” tal cual lo ve (sin poder tocarlo) el señor Chow en Con animo de amar (In The Mood For Love, Wong Kar Wai, 2000). Leves consideraciones sobre lo efímero de las cosas, o mejor, del estado de las cosas.
Cada año que termina, cada diciembre cargado de fiestas y reuniones que en apretada agenda se suceden generando resacas, trasnochadas y desarreglos gastronómicos, parece representar un final, una puerta hacia otro horizonte, un cambio de estado. Las convenciones de la continuidad pasan a ser dominadas por las conformidades de la discontinuidad. Eso sí, atadas a la lógica del calendario.
En estos días, un amigo, cuando le preguntaba como estaba, me respondía: tratando de terminar el año, antes que el año termine conmigo. Y eso me hacía pensar en la estética de los finales y las continuidades. En el dolor sin fecha, en la alegría sin carnaval ni febrero.
Un deseo (como final o bienvenida): que lo efímero de la alegría, lo expansivo de la fiesta, la sabiduría de eros - olvidando por un momento almanaques y legados -, sean los motivos que se pacten en cada brindis, en cada mirada, en cada abrazo. 
Este fin de año y en los otros tantos finales y comienzos!


Café Azar
Posadas, 31 de diciembre de 2010. -
Variaciones infinitas de fin de año.
Hay un trillo en continuidad de parques y tiempos. Lo encuentro bajo la cadencia de nuestros pies, porque sí nomás y resulta que nos lleva hasta un puente de puro pedrerías centelleantes. Hubo luna y hubo eclipse. Ahora una luz tenue deja pasar las sombras, casi borrosas por el viento.
Algo de lo provisorio ya se consumó y asimismo se asoman otras formas contiguas de un futuro inédito y modesto. Unas señales de almanaques caducas y en desuso, y ahí nomás otros espacios en blanco de
indeclinable futuridad.
Me detengo en el gesto compartido de salutaciones y me salva del naufragio la voz de un Cortazar ya absolutamente libre de compromisos fechados. Y digo como su eco lejano, que sí, que el año está en franca recaída y hasta el 31 no dejará de ser tiempo recayente, decreciente. Porqué, con qué sentido nos ponemos así?
Quizá para disfrutar de ese añejo gusto por lo cíclico y la menuda conformidad de sentir que algo termina acá y luego otra cosa comienza. Y darnos una razón para brindar y brindar, esta vez porque se fue una medida provisoria más de nuestro incierto recorrido.
Como Julio sugiere, aprovecharé este último trecho para rehabilitarme de recaídas y así mejor recaer en las venideras vueltas del diablomundo; trataré de ser una cada vez una mejor recayente.
Brindo con todos por este tenue enlace de lo que fue, lo que falta y lo que será.  Chin chin!!!
  

Cartas estratégicas

Este breve relato tiene que ver con estrategias, más bien con tácticas. La estrategia, por supuesto, era sacar la mayor cantidad de puntos posibles para llevarse el trofeo. Así, lo pensaba el tipo. Como si la vida fuera la planificación de acciones, actividades, objetivos, cronogramas y, por supuesto, presupuesto. Y así encaró cada partido. Cada encuentro fue meticulosamente estudiado. Dibujó pizarrones, hizo esquemas en papelógrafos, no daba para hacer juegos grupales porque – seguramente - los hubiera hecho. Para cada partido una táctica, a veces más defensiva, otras más de espectáculo. Perdió y ganó partidos memorables, recibió algún que otro gol e hizo los importantes. Y logró, su objetivo, lo logró con creces. Esa morocha de ojos verdes estaba a su lado como él quería. Claro que, cuando en su intención de evaluar su proyecto, sus tácticas, su plan estratégico le preguntó a su novel amada que era lo que lo que había hecho que se fijara en el, ella le contestó, sin inmutarse, y mucho menos ruborizarse: fueron las cartas del tarot, que me tiró mi vecina.

Café Azar

Posadas, primeros días de diciembre de 2010. -

Sobre la discreción de las rosas

En su libro “Éramos tan niños”, en donde relata a la manera de una autobiografía su relación con el fotógrafo Robert Maplethorpe, Patti Smith cuenta una historia que sería parte recurrente de los diálogos que tendría con su amigo. Relato de infancia, de juegos, de intereses, amistades, enfermedad y muerte. La historia de Stephanie funciona como prisma que descompone descubriendo la densidad las cosas, de las personas, de lo que se dice, de lo que se hace. “Solíamos reirnos de cuando éramos pequeños. Decíamos que yo había sido una niña mala que intentaba ser buena y el un niño bueno que intentaba ser malo. A lo largo de los años, aquellos papeles se fueron invirtiendo hasta que terminamos aceptando nuestra doble naturaleza. Albergábamos principios opuestos, luz y oscuridad” (Patti Smith, Editorial Sudamericana, Sello Lumen, 2010).

La cuestión es que quise compartir - en Provisorio (radio) - ese texto y busqué alguna canción de Patti Smith como para complementar. Lo primero que encontré fue un CD del año 2004, de título Trampin’, editado un par de años después de la muerte de la mamá de Patti. La figura de la madre, del ser madre y la misma palabra aparecen una y otra vez en las canciones del álbum que también habla de la guerra y la paz. Una canción se me pegó y no pude dejar de escucharla. Supe enseguida, tras los primeros acordes, que esa canción sería la escucharíamos en el programa después de compartir la historia de Stephanie que Patti cuenta en su libro.

El tema se llama “Mother rose”, es el segundo track del álbum, y está dedicado específicamente a Beverly, su madre. El tema va un poco mas allá y habla, a partir de la imagen de la espera, de la madre que espera, del cambio, del traspaso del punto de vista al dejar de ser hija para ejercer la maternidad (y quien era esperada pasa a esperar). Es un mid tempo, con la batería bien marcada y las guitarras delicadamente armónicas y firmes. Sobre el final, la canción parece pasar a otra dimensión. Rito de pasaje entre mundos. Un aire de brumosa psicodelia toma la aparente liviandad melódica y otras voces, otros sonidos nos dejan ante la puerta de otro estado de conciencia. La voz de Patti, grave y sentida, recita “Mother of gold” un poema que ella escribiera y leyera en el funeral de su madre. La música se empieza a deformar. Otra melodía, otras armonías se mezclan. Y así como fui buscando traducciones que me permitieran intuir lo que la letra decía, también encontré una referencia al riff con que cierra “Mother rose”.



“Sally go ‘round the roses” es la canción que parece sugerir el final del tema de Patti Smith. Grabada por un grupo de estudio, un girl group originario del Bronx neoyorquino, The Jaynetts, y producida por Abner Spector se publicó en el año 1963. Zelma “Sell” Sanders escribió la letra y la música fue firmada por Lona Stevens, esposa de Spector. El arreglador fue Artie Butler, que posteriormente fuera reconocido por sus colaboraciones con Louis Armstrong (What A Wonderful World), Barry Manilow (Copacabana, Even Now y Can’t Smile Without You) by Barry Manilow, Neil Diamond (Cherry Cherry y Solitary Man), The Drifters (Up On The Roof y On Broadway), y Dionne Warwick (I Know I’ll Never Love This Way Again) entre otros artistas. En su página web, (http://www.artiebutler.com/sally.html) Butler cuenta como arregló el tema – que salió en un single que un lado tenía la versión cantada por The Jaynetts y del otro la versión instrumental de “Sally…” - y como el haber aparecido en los créditos como arreglador le sirvió para ser reconocido en su labor de productor a pesar de no haber cobrado un centavo. Las voces que aparecen en la canción tampoco están claramente identificadas; es decir: se duda que siquiera sean las que aparecen en la portada del single. Según algunos testigos el día que la canción fue grabada había por lo menos cinco cantantes en el estudio: Johnnie Louise Richardson, Ethel Davis, María Sue Wells, Yvonne Bushnell, y Ada Ray.

El origen del tema es incierto, según la información que circula en Internet, estaría inspirada en una canción que formaba parte de los juegos infantiles en la campiña inglesa, juegos femeninos, de fines del siglo XIX: "Ring a Ring o' Roses" o "Ring Around the Rosie" (está última versión recogida en Norteamérica).

Como un indicador algo difuso, se puede decir que Sally... estuvo en el segundo puesto en el ranking de la Billboard Hot 100 del 28 de septiembre de 1963 y se mantuvo en ese puesto en la segunda medición hecha el 12 de octubre del mismo año. Recordemos que se trata de los modos de medición que la industria tenía sobre el lanzamientos de singles en Estados Unidos, que era semanal y estaba basado en la rotación en radio y números de venta de lunes a domingo. Cada semana aparecía un nuevo ranking. En Music Vendor (que posteriormente fuera Record World) otra revista que formaba parte y reflejaba  los movimientos de la industria de la música en Estados Unidos, Sally… aparece en primero lugar en su edición del 12 de octubre de 1963. Es decir, que la canción obtuvo un grado considerable de popularidad, algo que uno puede confirmar también con las versiones posteriores y registros en otros países.



Como tantas canciones pop, el sentido de “Sally…” fue objeto de múltiples y variadas interpretaciones. Al sonido hipnótico y psicodélico de los arreglos musicales, que ya de por si, le daban un carácter extraño, la letra dejaba abierta la posibilidad de construir múltiples sentidos e interpretaciones.

Sally Go Round the Roses

Sally go 'round the roses. (Sally go 'round the roses.)
Sally go 'round the roses. (Sally go 'round the pretty roses.)
The roses, they can't hurt you. (No, the roses, they can't hurt you.)
The roses, they can't hurt you. (No, the roses, they can't hurt you.)

Sally don't cha go, don't cha go downtown.
Sally don't cha go, don't cha go downtown.
The saddest thing in the whole wide world is
To see your baby with another girl.

Sally go 'round the roses. (Sally go 'round the roses.)
Sally go 'round the roses. (Sally go 'round the pretty roses.)
They won't tell your secrets. (They won't tell your secrets.)
They won't tell your secrets. (No, the roses won't tell your secrets.)

Sally, baby, cry, let your hair hang down.
Sally, baby, cry, let your hair hang down.
Sit and cry where the roses grow, you can sit and cry, not a soul will know.

Alguien, amablemente, reconociendo que trabajó con mejor voluntad que exactitud (y que seguramente prefiere quedar en el anonimato), se encargó de facilitarme una versión traducida de la letra en castellano. Y es la siguiente:

Sally da vueltas alrededor de las rosas

Sally da vueltas alrededor de las rosas
Sally da vueltas alrededor de las bellas rosas.
Las rosas no pueden lastimarte.

Sally no vayas, no vayas para el centro
La cosa más triste en el mundo es
ver a tu chico/a con otra chica.

Sally da vueltas alrededor de las rosas
Ellas no van a contar tus secretos
No, las rosas no van a contar tus secretos.

Sally, nena, llorá, dejá tu cabello suelto
Sentate y llorá donde las rosas crecen,
podés sentarte y llorar, ni un alma sabrá.

Hasta aquí la letra de Sally go’ round the roses, las interpretaciones apuntaban fundamentalmente al carácter ambiguo que asumía la palabra “baby”. “la cosa mas triste en este mundo es ver a tu chico/chica con otra chica”. La homosexualidad parecía filtrarse como tema en la canción. Incluso - me acota el traductor mientras huye despavorido en cuanto le sugiero que su nombre va en la nota - que encontró otra versión de la letra en donde en vez de decir “ellas no van a contar tus secretos”, dice “tu secreto”, así, en singular.

Tim Buckley también grabó una canción con el mismo nombre en el año 1973, en el álbum Sefronia y – además de no mencionar a nadie mas que a él en los créditos – modifica la letra soslayando la ambigüedad que caracterizaba la versión de Jaynettes: "Oh Sally don't you go down - Oh darlin' don't you go down/ Honey the saddest thing in the whole wide world/ Is to find your woman been with another girl" (Oh Sally, no vayas para el centro, dulce, la cosa más triste en el mundo es ver a tu mujer con otra chica).

Otras interpretaciones indicaban que el secreto – o los secretos – de Sally podrían referirse a la locura o a una experiencia religiosa. Sabemos que ambos estados de conciencia, de ruptura con la temporalidad, la espacialidad y la identidad guardan semejanzas, además, de cierta estigmatización de quienes lo viven. Otra lectura ligaba el secreto de Sally con la pérdida de la virginidad y el posterior abandono.

En cualquiera de las interpretaciones, lo que aparece como elemento común, es el secreto o los secretos de Sally que la ubican como objeto de estigmatización, de algo que no es posible hacerlo visible socialmente y de la soledad – y el dolor- que esto implica. Secreto y abandono, eso si, en el universo femenino. Una canción de género, sin dudas.

La canción no ha pasado desapercibida y su halo de extrañeza se mantiene de manera fantasmal como en la cita de Patti Smith.


Cafe Azar, 
Posadas, Noviembre de 2010. -

Paradoja



Imagen: losandes.com.ar

Elogios, loas, honores. De a miles. En cartas, carteles, cantos y vítores.

En abrazos, en llantos, en puños apretados.

Gigantesco respeto a quien muere por lo que cree,

que lo trasciende, que está más allá de él, que no es él

y también lo es, ese asunto de ser con otros...


Los que son su propia causa, viven años

entierran a varios, ven pasar a sus enemigos en restos...

no se enteran que la memoria los salteará

hasta otros inmolados...


Serán apenas buenos o apenas malos

hasta donde los deje el olvido

serán un dato.


Luego del salto mortal del héroe inesperado

la emoción de la orfandad

el miedo sorprendido de saber que

-antes-

se estaba asegurado


tranquilos para ser ácidos

críticos

escépticos

y de repente

azorados de miedo

y desamparo


Es que el encendido

excedido

incendiario

parece no haber apuntado

la herencia de su antorcha

y es difícil creer que tantas lágrimas

no humedecerán las chispas

que se juntan en la calle...


Y puede ser, cómo saber

si lo que se pretende pasto

tiene raíz para madera...

y al final, decisión para ser árbol.


Paradoja del dolor, la del llorar al desbordado

al saber que es mi propia representación

la que estoy llorando

y dudar, pequeña yo, particular, que es plural

que es nuestro

el fuego que inflamó ese corazón...

no entender

que pobre de mí, entonces sí,

si se me da por apagarlo...



28 de octubre de 2010

Porque octubre, en Argentina, es sin dudas peronista.